MAS ALLA

 

Es una ciudad encerrada de montañas como paredes.

Yo encerrado creí estar preso de esta ciudad, condenado tal vez 5 o talvez 6 años.

Quizás cadena perpetua.

Lo más absurdo: la soledad.

Todo es diferente ahora.

La soledad es aniquilada por la comprensión de un par de amigos.

O se desvanece por el hecho de ser feliz de ser quien soy y esperar ser lo que seré.

Triunfo.

Aquí ahora pasan los días.

Al amanecer una suave niebla tizna de blanco las montañas, como pinceladas de pintor

novato.

El roció de las hojas es como su baño matutino.

Se siente el frio y los pájaros volando juntos de tejado en tejado. Cantando, buscando lo que

han de comer.

Durante el día las montañas quieren como espejos reflejar, pero son olvidados por la urbe que

se ata a su monotonía sin darse un tiempo para admirar o solo verlas.

Al ocaso, el sol quiere esconderse tras las montañas y las inunda de una matiz de color

diferente a cada una.

Las llena de sombras y de suaves tonos verdes que cambian poco a poco a tones grises al llegar

la noche.

En la noche las montañas esperan ansiosas la salida de la luna que las acompaña, las escucha y

las consuela; tanto como yo añoro salir de esta ciudad.

Irónico.

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